Esplendor en la hierba

| Written by Hector


Nimbin

Haz el amor y no la guerra, y fuma un poco de hierba entre polvo y polvo. Nimbin, el representante Australiano al espiritu hippie de finales de los sesenta y principios de los setenta, un pueblo perdido en la campanya austral, a pocos kilometros de Byron Bay, el paraiso del surf, olas top class, gente cool, estilo de vida superfluo con el que suenyan millones de personas en todo el mundo.

Despues de unos dias en Byron Bay, una manyanita tomamos el autobus que nos lleva hasta el enclave hippie, el Happy Coach - el autobus feliz -, dirigido por un rasta de constitucion corpulenta y sonrisa psicotropica, hiperactivo o igual va de coca, habla por los codos y consigue hacer un chiste para cada pasajero que se sube a su Lucy in the Sky with Diamonds. Un paseo de un par de horas con visita incluida a una cascada seca - sin agua -, y despues de dejar a todos los cunyaos en el pueblo de una sola calle, nos lleva hasta el lugar donde ibamos a pasar tres dias: el Rainbow retreat.

El duenyo tiene pinta de hippie reciclado, lleva una hoja de alguna planta en el pelo (y no es maria) y cuando nos ensenya donde dormir, cocinar, etcetera, me parece mas un campo de concentracion que otra cosa, el tipo no para de enumerar normas - aqui no se puede fumar, aqui tampoco, la zona de reciclaje de basura y comida sed precisos y no mezcleis los materiales, la cocina se cierra a las diez, lavad los platos justo despues de comer y dejadlos en sus bandejas correspondientes - joder.

Bajamos hasta el pueblo de una sola calle, o la calle de un solo pueblo, en fin, como era de esperar, algunos restaurantes, una agencia inmobiliaria, un par de supermercados y el resto, tiendecitas de mariconadas para el fumeteo. Pipas, pitilleras, papel de todo tipo de color y sabor, camisetas con - adivinad quien, no es dificil - Bob Marley, el puto jamaicano que me persigue alla donde vaya, libros que alaban las propiedades del cannabis, pegatinas, ropa hehca con canyamo. Toda una industria. Por las calles, tipos demacrados nos susurran si queremos hierba, personajes pateticos, los hombres con la barba espesa, algunas mujeres aborigenes, chavales con ojeras y gorra de los yankees, todos tienen la mejor mierda de Nimbin, algunos hasta cocinan pasteles o galletas. Veo depresion en general en las caras de la gente, frustracion o fracaso. Quiza, al fin y al cabo, no solo de pan vive el hombre, usar las drogas para la creatividad, hacer cursos de quiromancia, tenyir camisetas de mil colores, tallar figuritas del Che, todo eso esta bien, pero alimentar la chispa que nos hace levantar cada manyana y nos da una perspectiva prometedora… Eso solo lo pueden hacer los mas fuertes de voluntad. Asi, los ideales progresistas y comprometidos que llevaron a un llamado destival Aquarius aqui en el 1973, se han diluido. Como las lagrimas se diluyen en la lluvia cuando te quedas bajo ella, como un tonto, intentando encender un canuto que se apaga porque se moja.

Volvemos bajo el sol abrasador hasta el Rainbow retreat, a unos quince minutos del pueblo de una sola calle. Conocemos a un par de argentinos, Francisco & Francisco, que han pasado por New Zealand, congeniamos y pasamos los dias con ellos. Buenos tipos, risuenyos, buena onda. El tiempo pasa y yo empiezo la decoracion de mi guitarra filipina con motivos del viaje, y empiezo con India. Una diosa de cuatro brazos abrazando un sitar, y de fondo el Taj Mahal. Por la noche, una mujer de mediana edad toca un jambee y canta canciones. Traigo mi guitarra e intento seguirla, pero no creo que tenga ningun sentido del ritmo, se pierde, de sale del tono. No tengo suerte con los musicos, ultimamente.

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