May
25
Atitlan
| Written by Hector

Guatemala, Centroamerica. Un pais todavia con la resaca de su ultima guerra, pobres de solemnidad, devotos cristianos. Pais peligroso para el turista, politicos corruptos, trafico de drogas, de armas, explotacion del trabajo infantil. Y a pesar de todo, a todo el mundo que visita Guatemala le encanta. La amabilidad y las buenas formas de la gente alcanza niveles altisimos, el paisaje, sus volcanes, sus monumentos o sus ruinas mayas…

Cuando llegamos a La Mesilla, notamos al momento que ya no estamos en Mexico. Los indigenas se multiplican en la calle, el suelo ya no esta pavimentado, es de arena. Los mercadillos ambulantes del pueblo fronterizo venden baratijas, fundas para moviles, DVD piratas, en las farmacias - igual que en Mexico, eso si - venden farmacos, refrescos y tabaco. Una japonesa nos pide si puede acompañarnos hasta la estacion de camiones, cuesta arriba por la calle bulliciosa. Habla mejor el español que el ingles, con acento y expresiones latinoamericanas.

Viajamos con las camionetas a traves de diferentes pueblos, en un largo camino hasta Panajachel. Por dos veces hacemos transbordo para tomar la siguiente. Todas decoradas con motivos religiosos, pintadas de vivos colores. Viajam en ellas gente del pueblo llano, zapateros, indigenas con sus fardos a la cabeza, escolares vestidos de uniforme, campesinos con sus herramientas de trabajo. Siempre viaja, ademas del conductor, uno o dos tipos mas que cobran el pasaje, tocan el claxon, y suben y bajan del techo del autobus con gran destreza, para cargar y descargar equipaje. Y finalmente llegamos hasta Panajachel, en el lago Atitlan, un gran charco rodeado de volcanes majestuosos y pueblecitos religiosos y que viven de la artesania que venden a los visitantes. Nos alojamos en un hostal sencillo, casi espartano, pero limpio y silencioso, como a mi me gustan.

Nos levantamos mas o menos temprano por la mañana y bajamos a desayunar. Unos tres crios indigenas nos dan conversacion en un español rudimentario, intentando que por caer simpaticos les compremos alguna pulsera o les compremos una cocacola. Luego bajamos hasta el lago y tomamos un barco que nos llva hasta la otra punta, en Santiago Atitlan. En el camino hablamos con un guatemalteco que viaja con algunas indigenas mas, y que resulta ser pastor de alguna iglesia evangelica del pais. Yo intento algun tipo de conversacion teologico-filosofica, pero no hay manera. Esta gente solo conoce lo que conoce, como se dice, y no tiene sentido contrastar sus creencias con otras, porque su educacion o conocimiento no da para tanto. Es triste enterarse del nivel de analfabetismo, por ejemplo, de este pais. Aqui el dicho todavia es cierto, la religion es el opio del pueblo. Para el primer mundo, ha pasado a ser el consumismo el opio. O el futbol.

Santiago resulta ser el pueblo mas guatemalteco que visitamos. La gente no habla español. El tuk tuk nos deja en la plaza mayor, dia de mercado: un festival para niños donde sortean algo tan sencillo como un balon de futbol - los niños se pelean por estar delante del escenario -, una cancha de baloncesto con algun tipo de torneo local, y la zona de tiendecitas callejeras donde se vende bisuteria, frutas, verduras. Si las mujeres indigenas mantienen su traje regional, aqui los hombres hacen lo propio: sombrero, camisa y pantalones cortos estampados.


Subimos hasta la catedral y estan dando misa. Es un espectaculo que haria saltar las lagrimas de cualquier cristiano, ver reunido a todo el pueblo en la casa del señor, escuchando con mas o menos atencion, a las palabras de un cura que recita en una lengua que no entiendo. Cuando acaba el oficio, la marea del colores chillones y piel morena sale del edificio con lentitud, en paso tranquilo. Un chaval nos ofrece guiarnos hasta la casa donde esta el dios Maximon, un tipo que fuma un puro y lleva la indumentaria local, un busto que cuidan en una casa diferente cada año, al que le ofrecen velas encendidas mientras fuman cigarrillos y beben pepsi para eructar y expulsar los malos espiritus del cuerpo. Muy freak, me quedo alucinado cuando entro, no puedo creer si es cierto o solo una pantomima para sacarnos el dinero. Lastima que no puedo sacar fotos.

Volvemos a Panajachel y tomamos cafe y ron guatemalteco - calidad - en un restaurante de la calle Santander, la via principal. Nos vamos a dormir como los abuelitos, bien temprano, porque al dia siguiente salimos para Antigua, la antigua - valgame la redundancia - capital de Centroamerica en la epoca de los invasores hispanohablantes.
