Jan
25
Video: Ho Chi Minh mausoleum
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Cambio de guardia mientras la gente hace cola para ver al anciano embalsamado
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Cambio de guardia mientras la gente hace cola para ver al anciano embalsamado
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La escapada a Sapa, en el norte del pais y limitando con China, ha sido como viajar a un mundo paralelo por unos dias, atravesar la densa niebla que rodea todo el pueblo y sus alrededores y no poder volver a salir. Atrapado en una dimension paralela, conviviendo con gente que mas parecen personajes de un cuento de Tolkien que gente del siglo XXI. Ando por sus calles y lleno mis botas de barro, respiro y mi aliento se convierte en vapor de locomotora, observo el horizonte y apenas distingo sombras que se mueven a lo lejos. Son las fuerzas del mal de Sauron, que me siguen desde que sali de la comarca…
La gente de las aldeas baja cada dia a primera hora de la manyana con el canto del gallo, minorias etnicas que andan casi descalzos, visten trajes regionales y panyuelos de colores, cestas de bambu a la espalda llenas de fruta, artesania o botellas de plastico vacias. Los motoristas con sus botas de agua y su eterno cigarrillo en la bota se ofrecen una y otra vez para llevarme a tal o cual sitio. Los bufalos caminan lentos y firmes, las gallinas corren de un lado a otro con sus polluelos, los perros se sacuden el agua de su pelaje. Los turistas nos repetimos, en un pueblo de cuatro calles y un mercado, y nos saludamos una y otra vez, en los bares, en los restaurantes. El frio nos oprime, nos inmobiliza, reduce nuestros sentidos a una nariz que gotea, unos ojos medio ciegos, unas manos entumecidas, una boca y unas orejas insensibles.
La vida es dura y cruda. Las ancianas del pueblo hmong permanecen hasta la medianoche deambulando por Sapa, se te acercan y te ofrecen marihuana, opio. Su naturalidad es abrumadora, su voz suena dulce y acogedora. Han trabajado desde pequenyas, han sido esposas, madres, abuelas, quiza bisabuelas. A pesar del tiempo, siguen con la fuerza suficiente para cada noche permanecer en la fria y humeda calle, en la oscuridad mas absoluta, esperando que algun turista les compre algo de esa hierba que ellas no fuman.
Vuelvo a Hanoi en el tren diurno, asiento duro y diez horas de camino que comparto con un canadiense. Hablamos con los pasajeros, nos reimos de nuestros problemas de comunicacion. Le ofrezco unas galletas a un hombre simpatico que se sienta a mi lado y le pregunto si es un veterano de guerra y si lucho con los Viet Congs, me dice que si, y que ahora se dedica a cultivar arroz. Del campo a las armas, de las armas al campo. En sus manos quiza la sangre derramada del enemigo aun le provoca pesadillas. Se levanta por la manyana despues de una mala noche y se acerca hasta la estacion de tren para dirigirse a Hanoi a visitar a su familia. Entra en el vagon, se sienta al lado de dos extranjeros y uno de ellos le ofrece galletas.
2 Comments » | Written by Francesco
Poca luce e la bassa qualita’ del video.
Il meglio del mio Viet Nam
Es frustrantemente perfecto, aburrido, el suenyo de toda mujer casada por dinero, la pesadilla del rebelde, como los narcoticos y las sesiones de terapia y los horarios estrictos de television o patio para los pacientes de un sanatorio mental. Soy McMurphy y camino por el paseo que lleva de Bondi beach a Tamarama beach, me cruzo con la enfermera Ratched, alli Martini tumbado en la arena, jugando al Monopoly con Harding y Sefelt…Hector @ Sidney, Australia.