A Koh Phayam siamo arrivati grazie al consiglio di un italiano ex hippy conosciuto a Bangkok che vive a Ibiza…
Il posto e’ semplicemente magico e mi ha lasciato perplesso. Avevo voglia di andarmene, troppa tranquillita’, troppa energia. E’ un’isola selvaggia, dove la maggioranza dei pochi occidentali viene a vivere qui 6/7 mesi all’anno. Gente da tutto il mondo, gente speciale tra cui un presunto trafficante di droga californiano. Non vi dico come passavo le giornate perche’ non lo so neanch’io. Leggendo, pensando. Sull’isola non c’e’ praticamente nulla a parte qualche bungalow e ristorante ovviamente.
I testimoni diretti mi hanno raccontato il dramma dello tsunami di 2 anni fa, terrificante.
Ho visto cose naturali che non avevo mai visto prima tra cui la luminiscenza (o fluorescenza? biologi aiuto) dell’acqua del mare, esagerata. Troppe cose avrei da dire in cosi’ poche righe.
Ho voglia di rimettermi on the road, destinazione Chiang Mai.
Koh Phayam nos ha acogido en su regazo y nos ha regalado unos dias especiales. La isla no tiene las mismas infrastructuras que sus vecinas en el mar de Andaman, la electricidad solo llega unas pocas horas mas o menos desde las 6 de la tarde a las 10 de la noche, por lo que todo el mundo utiliza generadores el resto del dia, aunque en la mayoria de sitios a las 11 se corta para ahorrar. Alli no llega el turismo cunyao, los bungalows son rudimentarios y es comun que te encuentres todo tipo de fauna debajo de la cama, desde cucarachas o insectos varios, pasando por ranas y sapos, hasta cosas tan divertidas como cobras o murcielagos. Por suerte los mosquitos solo ejercen su licantropia al atardecer, cuando el sol cae sobre el mar y enrojece el horizonte, mientras las chicharras y los grillos incian su ensordecedor canto. En las aguas cristalinas residen minusculos bichitos que provocan un leve escozor cuando te banyas, aunque a los 10 minutos te acostumbras y te olvidas, la tranquilidad de una playa vasta y desierta te hipnotiza y, como un narcotico, te inmuniza. Por la noche caminamos por la arena en direccion a algun chiringuito como el Rasta Baby, regentado por dos rastas thai que sirven cerveza Leo o Chang y pinchan reggae, dub o raggamuffin, los ojos vidrioso y amarillos de tanto fumar ganja. Cuando no hay luna, si caminas por la orilla el placton brilla al salpicar el agua con tus pies, derrochando luminiscencia y creando un efecto magico y casi triposo, como si cada paso desencadenara la creacion de una galaxia que se expande y crea estrellas que solo sobreviven por unas decimas de segundo, para desaparecer luego en la oscuridad. Con una linterna puedes descubrir a los cangrejos escapar delante de ti, volviendo a sus madrigueras que son simples agujeros en la arena. El horizonte se vuelve a iluminar con las luces de los barcos pesqueros en su jornada nocturan de pesca de calamares, sepias y chipirones. La gente con la que convives es de lo mas variopinta y diversa, tanto thais como farangs, pero todos compartimos algo en comun que podria definirse como un sentimiento de comunidad, y tanto da si solo te quedas unos dias como nosotros o pasas cuatro, cinco o seis meses alli como muchos hacen, en cuanto pones los pies en la isla recibes el pasaporte y nacionalidad virtuales.
Y bueno, por supuesto podria escribir acerca de la gente que alli hemos conocido, aunque por supuesto no haria justicia a la intensidad de la amistad y calidad de los vinculos que se han creado, por lo que dejare el resto de nuestra experiencia en Koh Phayam para mis batallitas en forma verbal…
Es frustrantemente perfecto, aburrido, el suenyo de toda mujer casada por dinero, la pesadilla del rebelde, como los narcoticos y las sesiones de terapia y los horarios estrictos de television o patio para los pacientes de un sanatorio mental. Soy McMurphy y camino por el paseo que lleva de Bondi beach a Tamarama beach, me cruzo con la enfermera Ratched, alli Martini tumbado en la arena, jugando al Monopoly con Harding y Sefelt…